lunes, 17 de diciembre de 2012

El problema europeo se llama crecimiento



Deuda, déficit, costes laborales... Las instituciones europeas no hablan de otra cosa desde hace tres años. Pero los inversores temen una nueva recesión debido a unos ajustes que en 2013 ascenderán a 130.000 millones de euros.



Deuda, déficit, costes laborales... Las instituciones europeas no hablan de otra cosa desde hace tres años. Pero fuera de Bruselas (o de Fráncfort, sede del BCE) resulta difícil encontrar a algún economista preocupado por esas variables. Más bien observan con desesperación unos datos de crecimiento que parecen condenar a la zona euro a una década de estancamiento. Y a sus socios vulnerables, entre los que ahora figura España, a una profunda recesión.
La inquietud ya no se circunscribe a políticos o académicos ni se limita al habitual debate entre partidarios de la austeridad o de los estímulos. El pavor ante la anemia de la zona euro ha desbordado esos círculos para instalarse en el parqué de los mercados.

"La gran inquietud de los inversores en estos momentos es el crecimiento. O, mejor dicho, la falta de crecimiento", reconocen en una de las mayores entidades financieras de Europa. "El dinero", añaden esas fuentes, "está empezando a buscar oportunidades fuera de Europa. Y si se retira la inversión, será muy complicado atraerla de nuevo", añaden esas mismas fuentes.
El Banco Central Europeo insiste en que, de momento, no se ha producido ninguna fuga de capital de la zona euro, tan solo una redistribución entre los socios. Pero los inversores temen unos retornos escuálidos, en el mejor de los escenarios. Y, en el peor, alguna pérdida, si el Viejo Continente no recupera el aliento.
La última señal de alarma llegó el viernes, con la rebaja de calificación al recién estrenado Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE). Menos de dos meses ha tardado ese fondo de rescate en perder la triple A de Moody's (todavía le queda la de Fitch). Y la agencia de calificación estadounidense cita como principal motivo para su decisión la situación de Francia, país al que previamente también se le había rebajado la nota por "su débil perspectiva de crecimiento a largo plazo".
Por supuesto, las autoridades europeas calificaron de inmediato como infundada la decisión de Moody's. Pero los datos confirman los temores de los inversores. En el tercer trimestre, la zona euro cayó de nuevo en recesión. Y en octubre batió, una vez, más su récord histórico de paro con una tasa del 11,7%.

Las instituciones comunitarias, sin embargo, no parecen darse por aludidas. El presidente de la CE, José Manuel Barroso, lo dejó claro tras aprobar el pasado miércoles su informe anual de crecimiento. "Es crucial continuar con nuestra estrategia (...). Es el único camino, aunque soy consciente de que las reformas son difíciles, dolorosas y tienen consecuencias sociales".
"Bruselas repite desde 2010 que los ajustes presupuestarios devolverán la confianza a los inversores, pero sigue sin lograrlo y un país como España sufre ya una tasa de paro del 25%", señala el economista Xabier Timbeau, del instituto de estudios francés OFCE. Andrew Watts, director adjunto del instituto alemán IMK, advierte que "bien porque hay una agenda política oculta, bien por simple ignorancia, se están aplicando recetas que pueden causar daños muy duraderos en la economía europea".
Timbeau yWatts son coautores de un informe sobre crecimiento que desde este año pretende competir con el de Barroso. En esta primera ocasión, el trabajo de OFCE, IMK y el instituto danés ECLM ha sido patrocinado por el grupo Socialista del Parlamento Europeo. "Queríamos ver si hay una alternativa al análisis de la CE por eso hemos pedido la opinión de economistas independientes", explica el líder de los socialistas, Hannes Swoboda.
El estudio de OFCE, IMK y ECLM tiene la peculiaridad de que se basa en los mismos criterios que la Comisión (Pacto de Estabilidad, Tratado del Euro...), pero llega a conclusiones totalmente dispares. "La afirmación de que la austeridad es la única estrategia se basa en un diagnóstico falaz de la crisis", señala el informe alternativo. Y recuerda que no hay precedentes en la historia de la política presupuestaria para un proceso de consolidación tan acelerado y simultáneo como el que está realizando la zona euro. Timbeau calcula que en 2013 el ajuste de los 17 socios ascenderá a 130.000 millones de euros, lo que podría dar la puntilla al escaso crecimiento previsto por la CE (0,1%) y elevar el número de desempleados de larga duración a nueve millones.

Los tres institutos recomiendan que se dilate el proceso de ajuste hasta 2032, como prevé el Tratado del Euro. Y que el esfuerzo anual se limite al 0,5% de déficit estructural, que es lo exigido por las normas comunitarias. Solo en 2013, añaden, esa medida liberaría casi 85.000 millones de euros para políticas de crecimiento. Y salvaría del paro, según el informe, a millón y medio de personas.








Xavi Vegas


Estudiante de  Graphic Design

lunes, 10 de diciembre de 2012

La razón del bolsillo.

La respuesta al por qué, remite a otra pregunta: ¿por qué no? Es decir, ¿hay algún estado que desee dejar de serlo? Por supuesto, vivimos en un mundo de soberanías compartidas y Europa es un gran laboratorio. Pero incluso con esa necesaria interdependencia, no es lo mismo ser interdependiente con silla propia, que serlo con la silla del vecino. Y desde hace tiempo Catalunya no tiene silla propia ni en el concierto de naciones, ni en España, ni en la propia Catalunya. A pesar de que España es un estado descentralizado, la nación catalana no tiene soberanía para hacer sus políticas contra el paro, o tener modelo tributario propio, o avanzar en infraestructuras claves, o enfrentarse a la compleja cuestión de la inmigración, nada. Y ello con el agravante que somos una economía con un gran entramado de pymes que necesitan políticas económicas específicas. 

Nuestro presente y futuro dependen de decisiones que van en contra de nuestros intereses primarios. La primera respuesta al por qué queremos estado es, pues, simple: porque queremos la misma soberanía del resto de naciones. Es decir, no aspiramos a ser más independientes que Inglaterra, pero tampoco queremos serlo menos. 


A partir de aquí, los motivos se acumulan y ahondan en lo histórico, lo cultural y lo económico. Es decir, hay razones que van del corazón al bolsillo, pasando por el estómago, porque el camino compartido con España no ha sido un camino de rosas. No aspiramos a romper, solo aspiramos a bifurcar ese camino, porque no nos lleva a ninguna parte.



Los motivos históricos. España no es, como Suiza, un estado nacido de un pacto entre naciones, sino la imposición de una nación sobre las otras. De ahí que nadie quiere dejar de ser suizos y en cambio muchos catalanes y vascos queramos dejar de ser españoles. Nuestra relación conflictiva con España empieza en 1714 con una severa derrota militar, la destrucción de nuestras instituciones y una represión brutal que obligó al primer gran exilio. Hasta entonces éramos una nación soberana, a partir de entonces fuimos una nación sometida. Y en estos trescientos años hemos sufrido represiones, exilio, dos dictaduras y una tensión permanente que ha tenido pocos respiros. Hemos vivido más tiempo bajo la represión que bajo la libertad. Y cuando volvimos a reclamar nuestros derechos, después de Franco, el resultado fue un café para todos que lejos de respetar nuestro carácter nacional, nos relegó a simple administración. Y desde entonces, el estado no ha parado de recentralizarse. Cuando Catalunya raspa en su memoria aterriza en una zona oscura que no ofrece demasiados motivos para querer ser española. Si a ello añadimos la lengua y cultura catalanas, cuya represión a lo largo de la historia ha sido constante, con épocas de prohibición y desaparición del ámbito público, la mala memoria arrecia. Y en democracia, continuamos sufriendo un hostigamiento lingüístico en forma de todo tipo de leyes. La falta de respeto es tan notable, que el máximo representante del estado, el Rey, es capaz de hablar un magnífico inglés y no sabe ni barbotear el catalán.

Pero si la memoria es gris y la identidad está dolida, es la razón del bolsillo la que ha quebrado la paciencia catalana. Por su dinamismo económico y su sólida red de empresas, Catalunya ha sido capaz de generar riqueza. Pero sufre un déficit fiscal que llega a la sangría de 16 mil millones de euros que se van, 45 millones de euros diarios. Es decir, Catalunya pierde en favor del estado anualmente el 8´5% de su PIB, el único territorio del mundo que sufre un déficit fiscal tan depredador. Representa 2.250 euros anuales por cada catalán. A la vez, es la zona donde se paralizan más infraestructuras, no se construyen las fundamentales, y se tira el dinero en proyectos faraónicos que no tienen ningún sentido económico: España tiene la red de alta velocidad más completa y deficitaria del mundo, y no ha construido el fundamental corredor mediterráneo. Otro ejemplo, el aeropuerto de Barcelona tiene una petición anual de 700.000 pasajeros intercontinentales que no puede ser atendida. Y mientras somos los que más damos a España, estamos a la cola en inversión. Es una situación insostenible que hemos intentado cambiar por todas las vías políticas, y nos han cerrado todas las puertas. Ante la pared de España, hemos decidido hacer nuestro propio camino. Somos una sociedad emprendedora, de la misma dimensión geográfica y demográfica que Suiza, y con una vocación europea secular. Con España estamos condenados al fracaso como nación y a la pobreza como sociedad. Sin España, tenemos la seguridad que seremos uno de los territorios más dinámicos de Europa, cuya vocación y servicio será siempre el nuestro. ¿Por qué, pues, tener estado? Por todo, porque somos una nación, porque estamos hartos, porque creemos en la democracia y porque queremos ejercerla. Llegó, pues, la hora catalana.